sábado, 23 de noviembre de 2013


Diciembre en Yopal, más que una fina esmeralda

Ay si si yo no soy de por aqui
ay si si yo vengo de casanare
ay si si como la palma de coco
como la palma de coco 
como la palma'e cumare

Es el  canto que da la bienvenida al departamento que abre sus paisajes en este diciembre, y es que solo el sonido del arpa, la letra  son ya de por si un encanto, no hay que quedarse c on las ganas de solo escuchar el poema, es necesario viajar y descubrir, porque el estar allá provoca ir  por este mes y quedarse a vivir la música, saber qué sintió Arturo Cova y Alicia al consumar su amor en la tierra de los Llanos Orientales.
Un diciembre en Yopal y en el Casanare son especiales, aún se siente la vida  tranquila, los lugareños son amables y brindan su amistad sin advertencia, es necesario ir ligero de equipaje, porque este departamento hay que recorrerlo sin afanes, y más en diciembre, cuando las aldeas y pueblos siempre tienen una sorpresa, siempre nos invitan  a la sorpresa, así una asado   a la orilla de la carretera, bañarse en el río, hablar con alguien en los parques, sentarse a reposar en cualquier barrio y mirar los adornos y es que su mensaje  es de convivencia, de armonía, de estar desprevenido para que en cualquier momento suene música y una bella llanerita le enseñe a bailar joropo.

Canta el llanero 
si tragándose el camino 
Cual centauro majestuoso 
Se encuentra con el jilguero.

Es la estrofa con la que inicia el himno de los Llanos Orientales y es el que nos da la bienvenida al llegar a Villavicencio para caminar hacia Yopal, en “Villavo” que es  la Puerta de los Llanos hay mucho por vivir  y conocer, se siente entre la montaña y los inicios de la planicie la aventura que nos espera en el Casanare, hay que ir desprevenido, sin afanes, no se puede evidenciar la riqueza de estas tierras sin dejamos con nostalgia nuestro origen, es necesario dejarse llevar por las expresiones de los llanos, mirar a la gente caminar, vivir esta cultura desde el Meta se genera y penetra toda la inmensa llanura.

Hay lugares que son únicos, que son especiales, donde su música nos lleva a la alegría, sus paisajes nos hacen amar nuestra tierra y una de ella es el Casanare, un departamento del cual hay que ufanarse como dice la canción, pero también hay que buscar las miles de Carmenteas que aparecen en diciembre, el infinito horizonte al que le canta  las arpas y que se escuchan en cualquier esquina de los llanos,  y en Yopal hay que ponerse de pie porque  es la música y la melodía que hacen vivir mejor esta ciudad, estas tierras que enamoran con su verde, amarillo y aguas que siempre provocan permanecer en ella.

Un diciembre en Yopal y en el Casanare son especiales, aún se siente la vida  tranquila, los lugareños son amables y brindan su amistad sin advertencia, es necesario ir ligero de equipaje, porque este departamento hay que recorrerlo sin afanes, y más en diciembre, cuando las aldeas y pueblos siempre tienen una sorpresa, siempre nos invitan  a la sorpresa, así una asado   a la orilla de la carretera, bañarse en el río, hablar con alguien en los parques, sentarse a reposar en cualquier barrio y mirar los adornos y es que su mensaje  es de convivencia, de armonía, de estar desprevenido para que en cualquier momento suene música y una bella llanerita le enseñe a bailar joropo.

La naturaleza en el Casanare es intacta, esta por descubrir, miles de senderos lo esperan, el turismo ecológico es su himno, es su bandera de bienvenida, acá todo es virginal, sus aguas bajan heladas, los pájaros aún vuelan tranquilos en su inmensa llanura, así, viajes organizados permiten mirar más de cerca el fin de año y es que vivir esos días después del  veinte de diciembre es asomarse a un sol inquieto, un sol de miles de afanes para mostrar su encanto, de esta manera hay que observar con detenimiento, sin reloj  el vuelo de las garzas, “que susurra en las palmeras 

Un canto de libertad”,  
hay que sentarse en Yopal a ver las niñas aprender sus baile, a las señoras enseñarles y coquetear con una hermosa señorita que  toca el arpa.

Después de tanto recorrido  y música, llega la noche, el cielo es diferente, sin la perturbación de la luz de las grandes ciudades, acá es al natural, hay que acostarse sobre los llanos,   contemplar las estrellas fugaces, mirar hacia arriba, saber que al siguiente día nada será igual sino mejor, cada hora es distintas en estas tierras mágicas que describe La Vorágine, pero para poder sentirla hay que venir en diciembre a Yopal.

Endri Martín Torres Romero.


Magister en Filosofía Latinoamericana.

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