
Diciembre en Yopal,
más que una fina esmeralda
Ay si si yo no soy de por aqui
ay si si yo vengo de casanare
ay si si como la palma de coco
como la palma de coco
como la palma'e cumare
ay si si yo vengo de casanare
ay si si como la palma de coco
como la palma de coco
como la palma'e cumare
Es el canto que da la
bienvenida al departamento que abre sus paisajes en este diciembre, y es que
solo el sonido del arpa, la letra son ya
de por si un encanto, no hay que quedarse c on las ganas de solo escuchar el
poema, es necesario viajar y descubrir, porque el estar allá provoca ir por este mes y quedarse a vivir la música,
saber qué sintió Arturo Cova y Alicia al consumar su amor en la tierra de los
Llanos Orientales.
Un diciembre en Yopal y en el Casanare son especiales, aún se
siente la vida tranquila, los lugareños
son amables y brindan su amistad sin advertencia, es necesario ir ligero de
equipaje, porque este departamento hay que recorrerlo sin afanes, y más en
diciembre, cuando las aldeas y pueblos siempre tienen una sorpresa, siempre nos
invitan a la sorpresa, así una asado a la orilla de la carretera, bañarse en el
río, hablar con alguien en los parques, sentarse a reposar en cualquier barrio
y mirar los adornos y es que su mensaje
es de convivencia, de armonía, de estar desprevenido para que en
cualquier momento suene música y una bella llanerita le enseñe a bailar joropo.
Canta el llanero
si tragándose el camino
Cual centauro majestuoso
Se encuentra con el jilguero.
si tragándose el camino
Cual centauro majestuoso
Se encuentra con el jilguero.
Es la estrofa con la que inicia el himno de los Llanos
Orientales y es el que nos da la bienvenida al llegar a Villavicencio para
caminar hacia Yopal, en “Villavo” que es
la Puerta de los Llanos hay mucho por vivir y conocer, se siente entre la montaña y los
inicios de la planicie la aventura que nos espera en el Casanare, hay que ir
desprevenido, sin afanes, no se puede evidenciar la riqueza de estas tierras
sin dejamos con nostalgia nuestro origen, es necesario dejarse llevar por las
expresiones de los llanos, mirar a la gente caminar, vivir esta cultura desde
el Meta se genera y penetra toda la inmensa llanura.
Hay lugares que son únicos, que son especiales, donde su
música nos lleva a la alegría, sus paisajes nos hacen amar nuestra tierra y una
de ella es el Casanare, un departamento del cual hay que ufanarse como dice la
canción, pero también hay que buscar las miles de Carmenteas que aparecen en
diciembre, el infinito horizonte al que le canta las arpas y que se escuchan en cualquier
esquina de los llanos, y en Yopal hay
que ponerse de pie porque es la música y
la melodía que hacen vivir mejor esta ciudad, estas tierras que enamoran con su
verde, amarillo y aguas que siempre provocan permanecer en ella.
Un diciembre en Yopal y en el Casanare son especiales, aún se
siente la vida tranquila, los lugareños
son amables y brindan su amistad sin advertencia, es necesario ir ligero de
equipaje, porque este departamento hay que recorrerlo sin afanes, y más en
diciembre, cuando las aldeas y pueblos siempre tienen una sorpresa, siempre nos
invitan a la sorpresa, así una
asado a la orilla de la carretera,
bañarse en el río, hablar con alguien en los parques, sentarse a reposar en
cualquier barrio y mirar los adornos y es que su mensaje es de convivencia, de armonía, de estar
desprevenido para que en cualquier momento suene música y una bella llanerita
le enseñe a bailar joropo.
La naturaleza en el Casanare es intacta, esta por descubrir,
miles de senderos lo esperan, el turismo ecológico es su himno, es su bandera
de bienvenida, acá todo es virginal, sus aguas bajan heladas, los pájaros aún
vuelan tranquilos en su inmensa llanura, así, viajes organizados permiten mirar
más de cerca el fin de año y es que vivir esos días después del veinte de diciembre es asomarse a un sol
inquieto, un sol de miles de afanes para mostrar su encanto, de esta manera hay
que observar con detenimiento, sin reloj
el vuelo de las garzas, “que susurra en las palmeras
Un canto de libertad”, hay que sentarse en Yopal a ver las niñas aprender sus baile, a las señoras enseñarles y coquetear con una hermosa señorita que toca el arpa.
Después de tanto recorrido
y música, llega la noche, el cielo es diferente, sin la perturbación de
la luz de las grandes ciudades, acá es al natural, hay que acostarse sobre los
llanos, contemplar las estrellas fugaces, mirar hacia
arriba, saber que al siguiente día nada será igual sino mejor, cada hora es
distintas en estas tierras mágicas que describe La Vorágine, pero para poder
sentirla hay que venir en diciembre a Yopal.
Endri Martín Torres Romero.
Magister en Filosofía Latinoamericana.
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